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Reinar sirviendo

Al final del año litúrgico, la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Se quiere remarcar que Jesús reina, aunque hoy no parezca tan claro. Los poderosos de la sociedad quisieran desterrarlo de la educación, de la familia, de la política, de la información. A veces, parece que fueran a lograrlo pronto. De hecho, hay zonas del mundo donde ese dominio parece incontrovertible. ¿Hasta dónde llegará esa tendencia? ¿Será posible acabar con ese reinado que parece atentar contra ciertas estabilidades? ¿O, como en el caso de Herodes, los perseguidos son inocentes cuyo testimonio será fortaleza para un renacer postrero?
La Sagrada Escritura presenta, en diversas ocasiones, la verdad de ese reinado universal: el profeta Daniel anuncia (7,13-14): “Yo, Daniel, en una visión nocturna, vi venir sobre las nubes del cielo alguien semejante a un hijo de hombre; avanzó hacia el anciano y fue introducido ante su presencia. Entonces recibió poder, gloria y reino. Y todos los pueblos, nac…

Motivos de esperanza

Cada año, en la segunda mitad de noviembre, la liturgia de la Iglesia expone un tema que genera temor en la sociedad actual: el fin del mundo. El ser humano se asusta ante la posibilidad de que esta vida se acabe. Y, al mismo tiempo, cualquier película que hable de este asunto tiene taquilla asegurada.

En teología, la materia que estudia estos argumentos, llamada “Escatología”, es una de las que más controversias suscita: ¿en qué consiste propiamente la muerte? ¿qué sucede después de ella? ¿qué son esas estructuras conocidas como el cielo, el purgatorio, el infierno? ¿en verdad existen, o son mitos ya superados?
Precisamente por eso la Iglesia insiste en el anuncio de este tema, no sea que, inmersos en la barahúnda de la existencia cotidiana, nos vaya a suceder lo que decía la revista Time: «Nunca hemos corrido tan deprisa hacia ninguna parte».

La Revelación cristiana nos enseña que esta vida terrena tiene un origen y un destino, que es Dios. Y con esa instrucción no solo no le quita…

Humildad

John H. Newman decía que “todos se rinden ante el dinero. Miden la felicidad por la riqueza y por la riqueza miden, a su vez, la respetabilidad de la persona. Riqueza es el primer ídolo de este tiempo, notoriedad el segundo. La fama y el llamar la atención del mundo se consideran como un gran bien en sí mismos y un motivo de veneración. La notoriedad, o fama de periódico, se ha convertido en una especie de ídolo” (Discurso sobre la fe 5, Cf. CEC, n. 1723). 
Jesucristo enseña que Dios actúa distinto: pone como ejemplo el pasaje en el que Elías se dirige a una viuda, pobre y extranjera, y le pide pan y agua. La viuda le responde con toda sinceridad: Vive el Señor tu Dios, que no tengo ni una hogaza de pan; sólo me queda un puñado de harina en el cuenco y un poco de aceite en la alcuza. Ahora estoy recogiendo un par de leños para ir a prepararlo para mi hijo y para mí. Lo comeremos y luego moriremos. Es una situación límite, al borde de la muerte. Casi como para preguntar a Dios por qué…

Las 20 mejores universidades

La amistad de Cristo, el primer mandamiento

Hemos considerado varias veces que uno de los mensajes centrales de Benedicto XVI es la importancia de reconciliarse con los mandamientos, acogerlos como lo hacían los judíos en tiempos de Moisés, o los primeros cristianos, que no los veían como una carga sino como un don de Dios: “(En la Iglesia primitiva) no había diferencia entre lo que hoy con frecuencia se plantea como ortodoxia y ortopraxis, como doctrina recta y acción recta, en lo cual la mayoría de las veces resuena un tono más bien desdeñoso frente a la palabra ortodoxia, ya que quien se aferra a la doctrina correcta aparece como mezquino, rígido y potencialmente intolerante. (…) la palabra ortodoxia no significa una doctrina correcta, sino que designa el modo justo de adoración y glorificación de Dios. La convicción general era que todo depende de estar en justa relación con Dios, de conocer lo que le agrada y cómo se le puede responder en la forma correcta. Por este motivo Israel ha amado la Ley, pues por ella se sabía cuá…

El joven rico

En los evangelios sinópticos toma valor dramático el último ascenso de Jesús a Jerusalén. Ya se va acercando la hora definitiva y por eso los autores sagrados señalan unas enseñanzas que tienen sabor a testamento. Una de ellas recuerda la vocación de los discípulos, tres años atrás. 
En esta ocasión, un muchacho –como ellos- se acerca al Señor, se arrodilla delante de Él y le pregunta: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?" Jesús le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Ya sabes los mandamientos… Es un encuentro lleno de profundidad en los diálogos, como ha notado Juan Pablo II en su Mensaje a los jóvenes de 1985 y en la Encíclica Veritatis Splendor. Solo Dios es bueno… Los mandamientos son el camino para alcanzar la vida eterna… Ya le ha mostrado el camino, está preparando su vocación. 
Todo depende de cómo reacciona ante ese panorama que el Señor le desvela. Seguramente los Apóstoles contemplarían ilusionados la escena: quizá u…

El amor plenamente humano

En el tiempo que lleva al frente de la Iglesia, Benedicto XVI ha marcado su impronta intelectual y piadosa, conciente –como lo era Juan Pablo II- de que el Señor lo ha puesto en ese lugar para cosechar y poner a disposición de la humanidad aquello que le había permitido sembrar durante su vida previa. Si bien todo su Magisterio está lleno de esa savia iluminada por una luz especial del Espíritu Santo, no cabe duda de que algunas intervenciones han tenido especial resonancia para el mundo teológico –que no siempre coincide con el ambiente mediático-. Además de las palabras dirigidas a los Cardenales poco después de su elección, la homilía de inicio de ministerio petrino, la Encíclica Deus caritas est, el discurso a la Curia para la Navidad del 2005 y la conferencia al mundo de la cultura en la Universidad de Ratisbona, me atrevo a señalar el Discurso A los participantes en la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (5 de junio de 2006), sobre “la alegría que proviene de la fe y su rel…