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La mujer adúltera

En el camino cuaresmal hacia el monte del Calvario, el quinto domingo de este período penitencial nos presenta una escena singular (Jn 8,1-11). Tan llamativa, que fue omitida en varios códices antiguos del Evangelio de san Juan. Como si los editores se sintieran escandalizados por la misericordia de Jesús. Sin embargo, la Iglesia siempre la ha considerado canónica, inspirada por el Espíritu Santo: Jesús marchó al Monte de los Olivos. Muy de mañana volvió de nuevo al Templo, y todo el pueblo acudía a él; se sentó y se puso a enseñarles.
Jesús nos da ejemplo de oración y de amor a las almas. Y aquellos habitantes de Jerusalén nos enseñan la importancia de acudir al encuentro con Él, para acoger sus enseñanzas. En medio de su labor magisterial, se empezó a escuchar un barullo que rompía la tranquilidad del Templo. Los escribas y fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y la pusieron en medio.
No deja de ser llamativa y estrambótica la escena. Imaginemos a esa pobre mujer, hum…

Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero

Al final de la cincuentena pascual, leemos de nuevo el final del Evangelio de Juan (21,15-19): “Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: —Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: —Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: —Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: —Apacienta mis ovejas”.
Los Padres de la Iglesia ven, en este pasaje evangélico, a Jesús que actúa como Buen Pastor. Después de las negaciones de Pedro, el Señor le otorga el primado que le había anunciado: el poder de las llaves. Benedicto XVI comenta en Jesús de Nazaret: “Se confía a Pedro la misma tarea de pastor que pertenece a Jesús (…). Sin e…

Parábola de la cizaña

Hace poco estuve en el Valle del Cauca y pude admirar, una vez más, el esplendor y la fecundidad de esas tierras. Encontré cañaverales listos para la siega, y terrenos en pleno proceso del arado. Sin embargo, también había, al lado de la finca donde me alojé, malas hierbas, basuras, hojas secas, que afeaban la belleza del entorno. Pensé en las parábolas del reino que presenta San Mateo.
Después de la parábola del sembrador, Jesús propone otra enseñanza complementaria, el ejemplo de la cizaña: —El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.

Esta parábola admite varias interpretaciones. Para evitar la tentación de pensar que nosotros somos los buenos y los demás pecadores, se puede ver que todos somos cizaña. Y que el Señor se encarnó para convertirnos en trigo. Él mismo se hizo cizaña, para que nosotros alcanzáramos la dignidad del trigo: trigo divino, pan de vi…