Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Lucas 5;17-26

Misericordia de Dios y perdón de los pecados

Supongo que todos tenemos, más lejos o más cerca, un amigo o un pariente con alguna limitación física. Cuando yo era muy pequeño, me sorprendió el accidente de una tía mía que, yendo en moto, perdió su pierna izquierda. 

Recuerdo mis visitas al Hospital donde, además de montar en ascensor, para nosotros los pequeños era gran pasatiempo pasearla por los largos pasillos. También conviví en el Colegio Mayor Aralar con el famoso sacerdote Luis de Moya, que después de un accidente automovilístico quedó tetrapléjico y hoy día continúa predicando, confesando, celebrando cada día la Santa Misa, y hasta administrando su página web, que enlacé en su nombre.

Conté las dos historias que más cerca tengo, porque seguramente cada quien tiene las suyas. En el Evangelio de Marcos (2, 1-12) aparece la escena de un grupo de amigos en los que se cumplía el mismo suceso: de hecho, uno de ellos mismos era paralítico. La escena se desarrolla en Cafarnaún, probablemente en casa de Pedro, que era el centro des…

Confesión

Estamos en Adviento. El período de Adviento del año mariano. La liturgia nos ayuda a prepararnos: Escuchen, pueblos, la palabra del Señor; anúncienla en todos los rincones de la tierra: He aquí que vendrá nuestro Salvador; ya no tengan miedo. 
Proclamar la llegada del Señor, puede ser la mejor manera de preparar su celebración: “Escucha, Señor, nuestras plegarias y ayúdanos a prepararnos a celebrar con verdadera fe y pureza de corazón el misterio admirable de la Encarnación de tu Hijo”. Pero no deja de ser exigente la petición: con verdadera fe y pureza de corazón. Solo si el Señor nos purifica podremos estar dispuestos.
Isaías (35, 1-10) asegura: Dios mismo viene a salvarnos. Isaías. Esto dice el Señor: "Saltarán de alegría el desierto y la tierra reseca; la llanura se regocijará y florecerá; florecerá como el lirio, se regocijará y dará gritos de alegría. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes, digan a los cobardes de corazón: “¡Animo!, no teman. Miren …