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Mostrando las entradas con la etiqueta ciudadanía

Obama: religión y política

Por fin se posesionó Obama. He de decir que, desde varios meses atrás, no veía la hora de que se acabara el tinglado mediático sobre las elecciones gringas. Y eso que no soy anti-imperialista. Solo que no me parecía importante estar enterado de los porcentajes diarios en las estadísticas pre-electorales y toda la parafernalia anexa. En el fondo, se trataba de un cierto pesimismo porque pensaba que cualquier candidato sería, en principio, regular tirando a malo. Como católico, sí que me preocupaba la posición de los candidatos ante los menos favorecidos: los enfermos, los viejos, los embriones, los pobres… Ojalá Obama no cumpla sus promesas anti-vida. Pero el objetivo principal de este apunte -que se sale del habitual carácter litúrgico, pero que el lector encontrará muy relacionado con la línea del blog- era reseñar la primera parte de la ceremonia de posesión. Todos los medios señalaron que el “presidente electo acudió en compañía de su esposa a un servicio religioso en la Iglesiade S…

Al César lo que es del César

En el afán por acabar con Jesús, se logró una coalición política impensable: los herodianos se unieron con los fariseos. Como algún autor ha escrito, esta unión es un “milagro involuntario” de Jesús.

Los herodianos eran partidarios de la intervención de Roma, teniendo en cuenta la comisión que conllevaba su mediación con el imperio. Los fariseos, por su parte, veían en el pago de los impuestos una blasfemia: además de la humillación que suponía pagar a una potencia extranjera, las monedas de la época de Jesús presentaban el busto del emperador, coronado con una diadema divina y rodeado de las palabras “Tiberio César, hijo del divino Augusto, Augusto”.
Dejemos la palabra a Mateo (22,15-21): “Los fariseos se retiraron y se pusieron de acuerdo para ver cómo podían cazarle en alguna palabra. Y le enviaron a sus discípulos, con los herodianos, a que le preguntaran: —Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas de verdad el camino de Dios, y que no te dejas llevar por nadie, pues no haces a…