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Mostrando las entradas con la etiqueta Marcos 12;41-44

La ofrenda de la viuda

En la última semana del paso terreno de Jesús, poco después del domingo de Ramos, san Marcos cuenta que Jesús había regresado a Jerusalén (esos días pasaba la noche en Betania), y ubica la escena de sus enseñanzas en el exterior del templo (Mc 12, 38-44).

  El contexto es la reprobación a las clases dirigentes que pocos días después lo entregarán a la muerte. Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
     Los escribas confiaban en el poder que les otorgaba su dinero y su posición social. Bien podían caer en la crítica del beato John H. Newman, quien decía que todos se rinden ante el dinero. Miden la felicidad por la riqueza y por la riqueza miden, a su vez, la respetabilidad de la perso…

Humildad

John H. Newman decía que “todos se rinden ante el dinero. Miden la felicidad por la riqueza y por la riqueza miden, a su vez, la respetabilidad de la persona. Riqueza es el primer ídolo de este tiempo, notoriedad el segundo. La fama y el llamar la atención del mundo se consideran como un gran bien en sí mismos y un motivo de veneración. La notoriedad, o fama de periódico, se ha convertido en una especie de ídolo” (Discurso sobre la fe 5, Cf. CEC, n. 1723). 
Jesucristo enseña que Dios actúa distinto: pone como ejemplo el pasaje en el que Elías se dirige a una viuda, pobre y extranjera, y le pide pan y agua. La viuda le responde con toda sinceridad: Vive el Señor tu Dios, que no tengo ni una hogaza de pan; sólo me queda un puñado de harina en el cuenco y un poco de aceite en la alcuza. Ahora estoy recogiendo un par de leños para ir a prepararlo para mi hijo y para mí. Lo comeremos y luego moriremos. Es una situación límite, al borde de la muerte. Casi como para preguntar a Dios por qué…