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Mostrando las entradas de agosto, 2007

Conversión: la puerta angosta

Hemos visto en ocasiones anteriores la llamada que Jesús hace a la santidad. Llamada universal: todas las personas, en todas las situaciones honradas de la vida, pueden y deben seguirlo para ser santas. La semana pasada veíamos que esa llamada no es a una santidad personal, sino que incluye la preocupación por la salvación de los demás; el deseo de propagar el incendio del amor que Jesucristo vino a traer a la tierra.
Sin embargo, en la vida se presentan muchas maneras distintas: geográficas, culturales... Es más: no es lo mismo esta situación para un joven que para un adulto, inclusive uno mismo tiene momentos de alegría y de tedio, de ilusión y de oscuridad. Surge entonces la pregunta: ¿cómo concretar esa llamada genérica a la santidad en la vida cotidiana? ¿cómo hacerla presente en las circunstancias cambiantes de la existencia corriente?
En el Evangelio de Lucas aparece un interrogante que hace un hombre de entre la multitud: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?" (Lc 13,2…

Santidad y revolución

Es raro hablar hoy día de la palabra “santidad”. Y en las pocas veces que se escucha suele ser en tono de broma: que si Juan Pablo II canonizó a demasiadas personas, que cuál sentido tiene. Además, un dolor de la Iglesia contemporánea es la conciencia de saberse compuesta por pecadores. No solo entre la multitud de los laicos, sino que también muchos ministros no somos dignos de esa jerarquía eclesial… Ante este panorama, bastantes personas se preguntarían: ¿Tiene sentido seguir hablando hoy de santidad? ¿No sería mejor hablar de revolución, cambiar el mundo, en lugar de perder el tiempo con rezos personales y con credos generadores de intolerancia?
En ese planteamiento late una actitud descreída. Una incredulidad parecida a la que enfrentó Moisés en el desierto, delante de sus hermanos que no confiaban en que el Señor pudiera salvarlos de ejércitos de gigantes, ante los cuales ellos se sentían como saltamontes. Sin embargo, muchos siglos después, el libro de la Sabiduría deberá recono…