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Mostrando las entradas con la etiqueta Juan 3;16-18

Santísima Trinidad

Desde el lunes pasado hemos recomenzado el tiempo ordinario. Ya pasaron los cincuenta días de la Pascua y nos disponemos a celebrar, con la cadencia de la vida de trabajo cotidiano, el misterio de la Redención que Cristo hizo de nuestro tiempo terrenal. 


Cada año, el regreso al período ordinario está marcado por grandes solemnidades, que nos ayudan a poner los ojos en los misterios centrales de nuestra fe. Y el primero de ellos es el de la Santísima Trinidad (Cf. Compendio, n. 44). No es fácil entender este misterio, a pesar de que Dios mismo dejó “huellas de su ser trinitario en la Creación y en el Antiguo Testamento” (Cf. Id., n. 45). El propio Catecismo dice que, si Cristo no lo hubiera revelado, no lo hubiéramos alcanzado. ¡Gracias a Dios, que se encarnó y nos envió su Espíritu! Si no, estaríamos como la famosa anécdota de San Agustín, tratando de llenar el huequito de nuestra mente con la inmensidad del mar divino. Imagino que algún lector más crítico –no en mal plan- habrá pensado …

Santísima Trinidad

El domingo siguiente a Pentecostés, la liturgia celebra el misterio de la Santísima Trinidad.


El Prefacio de la Misa, dirigido al Padre, intenta explicar un poco más ese dogma central de la fe cristiana: “con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.

En el Antiguo Testamento, ante el politeísmo rampante en el contorno hebreo, la Revelación insiste en la unicidad de Dios, que es como un padre –es más, como una madre- que perdona. La lectura del Éxodo muestra la iniciativa divina para establecer una alianza entre Dios y su pueblo. En repetidas ocasiones, los israelitas infringen ese pacto y Dios perdona…