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Mostrando las entradas de agosto, 2011

Perder la vida

Inmediatamente después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, el Señor les explica en qué consiste su mesianismo (Mt 16,21-27): Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho por causa de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar al tercer día. Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle diciendo: — ¡Dios te libre, Señor! De ningún modo te ocurrirá eso.  Pero él se volvió hacia Pedro y le dijo: — ¡Apártate de mí, Satanás! Eres escándalo para mí, porque no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres. Es un diálogo muy fuerte, pues poco tiempo antes Jesús mismo había hecho roca de su Iglesia a Pedro y ahora le dice Satanás. Se ve por qué podía confiar en ellos: porque se dejaban decir las cosas. No hacía falta andar con miramientos a la hora de corregirlos. El error de Pedro acecha a todos los pastores a lo largo de la historia: el intento de consensuar…

Los invitados a las bodas

1. En la recta final de su Evangelio, Mateo presenta a Jesús en el Templo, discutiendo con las autoridades judías. El maestro responde con tres “parábolas de juicio”, la última de las cuales vamos a contemplar en este rato de oración:

—El Reino de los Cielos es como un rey que celebró las bodas de su hijo y envió a sus siervos a llamar a los invitados a las bodas.  

Una vez más Jesús compara el Reino con un banquete nupcial, en línea con la predicación de los profetas que anunciaban el matrimonio del Señor –el Hijo- con su pueblo. Pero éstos no querían acudir. Así somos, Señor. Tú nos invitas a gozar de tu intimidad divina y nosotros nos quedamos dedicados a lo nuestro. Nos inquieta que tus llamadas nos quiten nuestra alegría. Como si te tuviéramos miedo… El Señor, que generosamente ha dispuesto su gran mesa –como dice Lucas en el pasaje paralelo- insiste una vez más, como había hecho en el Antiguo Testamento. Nuevamente envió a otros siervos diciéndoles: «Decid a los invitados: mirad qu…