Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Lucas 10;38-42

Unidad de vida. Marta y María

1. Justo después de narrar la parábola del buen samaritano, San Lucas presenta la visita de Jesús a Marta, María y Lázaro, sus tres amigos de Betania, ciudad ubicada a tres kilómetros de Jerusalén: Cuando iban de camino entró en cierta aldea, y una mujer que se llamaba Marta le recibió en su casa.
Si la parábola del buen samaritano es una maravillosa explicación del segundo mandamiento, en este pasaje, exclusivo de Lucas, vemos cómo los hermanos de Betania cumplen el primer precepto, acogiendo al Señor. Le reciben en su casa. Pero no solo se trata de dejarlo entrar, que ya es mucho. No actúan como el pueblo que generó tanta rabia en San Juan, que no quiso recibirlo. Ni como Gerasa, que después de la curación del endemoniado le piden que se retire de sus confines (quizá porque les había echado a perder dos mil puercos). Ni como el pueblo donde había crecido que, al escuchar que se cumplía en Él la escritura mesiánica, no creen porque lo habían conocido de pequeño… y pretenden despeñarl…

Marta y María. Acoger a Dios.

Uno de los diagnósticos más certeros del mundo actual es el que hace Benedicto XVI. De diversas formas ha expresado que el problema central se encuentra en que el ser humano se ha alejado de Dios. Se ha puesto a sí mismo en el centro, y ha puesto a Dios en un rincón, o lo ha despachado por la ventana. En la vida moderna, marcada de diversas maneras por el agnosticismo, el relativismo y el positivismo, no queda espacio para Dios. 
En la Sagrada Escritura aparecen, por contraste, varios ejemplos de acogida amorosa al Señor. En el Antiguo Testamento (Gn 18,1-10) es paradigmática la figura de Abrahán, al que se le aparece el Señor. Su reacción inmediata es postrarse en tierra y decir: "Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mí sin detenerte”. No repara en la dificultad que supone una visita a la hora en que hacía más calor, no piensa en su comodidad sino en las necesidades ajenas. Ve la presencia de Dios en aquellos tres ángeles, y recibe como regalo…