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Obama: religión y política


Por fin se posesionó Obama. He de decir que, desde varios meses atrás, no veía la hora de que se acabara el tinglado mediático sobre las elecciones gringas. Y eso que no soy anti-imperialista. Solo que no me parecía importante estar enterado de los porcentajes diarios en las estadísticas pre-electorales y toda la parafernalia anexa. En el fondo, se trataba de un cierto pesimismo porque pensaba que cualquier candidato sería, en principio, regular tirando a malo. Como católico, sí que me preocupaba la posición de los candidatos ante los menos favorecidos: los enfermos, los viejos, los embriones, los pobres… Ojalá Obama no cumpla sus promesas anti-vida.

Pero el objetivo principal de este apunte -que se sale del habitual carácter litúrgico, pero que el lector encontrará muy relacionado con la línea del blog- era reseñar la primera parte de la ceremonia de posesión. Todos los medios señalaron que el “presidente electo acudió en compañía de su esposa a un servicio religioso en la Iglesia de San Juan Bautista”. Algunos añadían que “la pequeña iglesia, de color amarillo y llamada con frecuencia "la Iglesia de los Presidentes", se ha convertido en una parada tradicional del mandatario estadounidense entrante, que ha acudido a una ceremonia de oración sin denominación religiosa, antes de prestar juramento. El vicepresidente electo Joseph Biden fue el primero en llegar la mañana de este martes al templo junto con su esposa Jill para el corto servicio”.

Me venía a la memoria el elogio de Benedicto XVI en su paso por ese país, precisamente alabando que allí los gobernantes no tienen reparo en manifestar su fe. En la ceremonia de bienvenida a Norteamérica, el Papa dijo: “Ya desde los albores de la República, la búsqueda de libertad de América ha sido guiada por la convicción de que los principios que gobiernan la vida política y social están íntimamente relacionados con un orden moral, basado en la señoría de Dios Creador. Los redactores de los documentos constitutivos de esta Nación se basaron en esta convicción al proclamar la “verdad evidente por sí misma” de que todos los hombres han sido creados iguales y dotados de derechos inalienables, fundados en la ley natural y en el Dios de esta naturaleza. El curso de la historia americana demuestra las dificultades, las luchas y la gran determinación intelectual y moral que han sido necesarias para formar una sociedad que incorporara fielmente estos nobles principios. A lo largo de ese proceso, que ha plasmado el alma de la Nación, las creencias religiosas fueron una constante inspiración y una fuerza orientadora, como, por ejemplo, en la lucha contra la esclavitud y en el movimiento en favor de los derechos civiles. También en nuestro tiempo, especialmente en los momentos de crisis, los americanos siguen encontrando energía en sí mismos adhiriéndose a este patrimonio de ideales y aspiraciones compartidos”.


Ojalá ese breve paso de Obama por “la Iglesia de los Presidentes” recuerde a muchos intolerantes que la manifestación pública de la propia fe no desdice de un gobernante. Todo lo contrario, ayuda a recordar que los ideales religiosos pueden ser, también hoy, “una constante inspiración y una fuerza orientadora”.

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