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Transfiguración, oración, contemplación

El segundo domingo de Cuaresma, la liturgia  nos presenta la Transfiguración del Señor (Lc 9,28-36): En aquel tiempo, Jesús se llevó con él a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a un monte para orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco y muy brillante.

Este es el punto central del evento, sobre todo si lo consideramos en el tiempo litúrgico que estamos viviendo, que debe estar marcado por la oración, el ayuno y la misericordia. De hecho, el Papa también se detiene en él en su libro Jesús de Nazaret: “De nuevo nos encontramos —como en el Sermón de la Montaña y en las noches que Jesús pasaba en oración— con el monte como lugar de máxima cercanía de Dios;. (…) La transfiguración es un acontecimiento de oración; se ve claramente lo que sucede en la conversación de Jesús con el Padre: la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en luz pura. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz de Luz. En ese momento se percibe también p…

tentaciones de Jesús

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada en estos días, y al final sintió hambre.
El primer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a considerar las tentaciones de Jesús. El Catecismo (n. 538) lo resume de esta manera: “Los Evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo por Juan: "Impulsado por el Espíritu" al desierto, Jesús permanece allí sin comer durante cuarenta días; vive entre los animales y los ángeles le servían (cf. Mc 1,12-13). Al final de este tiempo, Satanás le tienta tres veces tratando de poner a prueba su actitud filial hacia Dios. Jesús rechaza estos ataques que recapitulan las tentaciones de Adán en el Paraíso y las de Israel en el desierto, y el diablo se aleja de él "hasta el tiempo determinado" (Lc 4,13).
Jesús es el nuevo Israel: como el pueblo elegido, padece t…

Cuaresma

1. Viernes después de ceniza. Tiempo de conversión, de penitencia. El pasado miércoles recibimos la ceniza, mientras se nos decía: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Benedicto XVI explicaba en la Audiencia de un día igual este llamado a la mudanza total: “la conversión –decía- no es una simple decisión moral que rectifica nuestra conducta de vida, sino que es una decisión de fe, que nos implica enteramente en la comunión íntima con la persona viva y concreta de Jesús. Convertirse y creer en el Evangelio no son dos cosas distintas o de alguna forma sólo cercanas entre sí, sino que expresan la misma realidad”.


Convertirnos y creer en el Evangelio. Viene a la mente la anécdota que contaba un obispo africano sobre conversión: «La serpiente se quejaba a la oruga de que la gente tenía miedo de las dos. La oruga le dio la solución: “debemos cambiar, transformarnos”. Algún tiempo más tarde, la oruga se había convertido en mariposa, bonita, llena de gracia y color, que gozaba del cariño de t…

80 años de las mujeres del Opus Dei

1. Hace 80 años, Nuestro Señor hizo entender a San Josemaría, durante la celebración del Sacrificio eucarístico, que la luz fundacional del Opus Dei abarcaba también a las mujeres. Así lo describía él mismo: “el 14 de febrero de 1930, celebraba yo la misa en la capillita de la vieja marquesa de Onteiro, madre de Luz Casanova, a la que yo atendía espiritualmente, mientras era Capellán del Patronato. Dentro de la Misa, inmediatamente después de la Comunión, ¡toda la Obra femenina! No puedo decir que vi, pero sí que intelectualmente, con detalle (después yo añadí otras cosas, al desarrollar la visión intelectual), cogí lo que había de ser la Sección femenina del Opus Dei. Di gracias, y a su tiempo me fui al confesonario del P. Sánchez. Me oyó y me dijo: esto es tan de Dios como lo demás” [Cf. Vázquez de Prada A. El Fundador del Opus Dei. vol. I, p. 323].
Se cumplen ochenta años desde que el Fundador del Opus Dei “cogió intelectualmente” lo que había de ser el apostolado de las mujeres de …

vocación

En los primeros capítulos del Evangelio de Lucas vemos el inicio de la labor apostólica del Señor. Regresa a su Nazaret, el pueblo donde creció, y predica en la sinagoga: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”. Jesús se apropia la promesa del profeta, dice que él mismo es el Mesías prometido. Inmediatamente después vemos la reacción de los presentes, muy positiva al comienzo: “Todos daban testimonio en favor de él y se maravillaban de las palabras de gracia que procedían de su boca”.

Sin embargo, en algunos surge la duda, “y decían: —¿No es éste el hijo de José?” ¿Cómo puede ser posible –pensarían- que aquél que conocimos pequeño, que durante su infancia no hizo nada raro, resulte ser ahora el Hijo de David? Les pasaba lo que cuenta una historia popular, de un campesino que había donado un cerezo de su propiedad para que hicieran con esa madera la imagen de un santo. Pasados los años, le preguntaron por qué le tenía tan poca devoción a ese intercesor, que tenía tanta…

Amigos de Jesús y de su Palabra

1. Comenzamos un nuevo año litúrgico, al menos en estas páginas. Las lecturas del tercer domingo del año nos presentan, en primer lugar (Ne 8, 2-4a.5-6.8-1) al pueblo hebreo que retorna de la diáspora y se reúne para escuchar al sacerdote Esdras, que trae la Ley ante toda la asamblea y la lee desde el amanecer hasta el medio día. Todo el pueblo responde: Amén. Amén. Leían el libro de la Ley con claridad, explicando el sentido. El pueblo escucha la lectura de pie, llora y se estremece al conocer la Palabra de Dios.


Podemos preguntarnos con cuáles disposiciones escuchamos nosotros la lectura de la Palabra en la Misa y qué efectos produce en nuestras vidas. Como decía Benedicto XVI en la clausura del Sínodo sobre la Palabra, “Escritura y liturgia convergen en el único fin de llevar al pueblo dialogar con el Señor y a obedecer su voluntad. La Palabra que sale de la boca de Dios y que testimonian las Escrituras regresa a él en forma de respuesta orante, de respuesta vivida, de respuesta que…

Cristo Rey

Hoy llegamos al final del año litúrgico. Concluimos un período, marcados como estamos por el paso cíclico del tiempo en nuestra vida. Es momento de examen, de balance: ¿qué tanto hemos aprovechado las gracias que nos diste, Señor, durante estos meses? En nuestra oración, podemos pensar dónde estábamos en noviembre del año pasado; dónde celebramos la fiesta de Cristo Rey en aquella época. Y pensar, en un primer análisis, en el año transcurrido: la Navidad, la Cuaresma, la Semana Santa, el período laboral, las vacaciones de mitad de año, el segundo semestre… hasta llegar a hoy. Seguramente, en ese breve recorrido litúrgico que hemos hecho, se nos han venido a la mente momentos especiales: un medio de formación que nos sirvió bastante, un descanso que nos llegó en el mejor momento, algunas amistades que nos impactaron de modo positivo…

Pero también veremos algunas manchas en nuestra actuación: faltas de generosidad, propósitos incumplidos, detalles que no quisiéramos haber tenido. Surge l…

Vida más allá de la muerte (Los novísimos)

A la salida del Templo, le dijeron a Jesús: “Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios!”. Siempre y en todas partes es habitual el regionalismo, la admiración de las grandes obras del propio pueblo. Explica la Biblia de Navarra que los judíos pensaban que el día del juicio del Señor sería terrible para los impíos, pero glorioso para los hebreos. La majestuosidad del Templo era señal de esa futura gloria. En este caso, el Señor norespondió con la típica afirmación diplomática del estilo: “es de los más bonitos que he visto”. Es más, corrige la interpretación en boga y añade que el Templo sería destruido. No se trataba de ser aguafiestas, sino de anunciar lo que le pasaría a Él mismo y a sus seguidores a lo largo de los siglos: también la predicación del Evangelio será en medio de lucha y contradicciones. En su libro Jesús de Nazaret, el Papa resalta que este discurso se pronuncia en el contexto previo a la Pasión y a la muerte en la Cruz.


El Señor habla de la llegada del Hijo del Hombr…