
Oh Dios, que has suscitado en la Iglesia a san Josemaría, sacerdote, para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo y sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención.
Así reza la oración colecta de la Misa en honor de San Josemaría. Le damos gracias a Dios por haber suscitado ese sacerdote santo, ejemplo para los tiempos actuales. Y también agradecemos a San Josemaría su respuesta generosa y ejemplar a la Voluntad de Dios.
Recordamos que fue elegido para proclamar la vocación universal a la santidad. ¡Cuántas personas ignoran todavía este mensaje! Muchos millones no han oído hablar de Cristo. Otras, incluso católicas, lo hemos conocido desde pequeños pero quizá ponemos la meta en la salvación: no ir al infierno, estar en gracia. Pero lo que el Señor espera es que seamos perfectos, santos. Y no unos cuantos, sino todos. Si estamos bautizados, es para ser santos.
Para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado. Benedicto XVI lo repite con frecuencia: los que conocemos este mensaje no podemos quedarnos con él para nosotros. Tenemos que anunciarlo a los cuatro vientos; para empezar, con los que tenemos al lado: parientes, colegas, amigos. Si nos sabemos responsables de nuestra santidad personal y la de tantos, seguramente olvidaremos nuestros egoísmos, comparaciones y tentaciones surgidas de la soberbia. Cuando algo nos cueste, podemos pensar en las almas que nos esperan, en la Iglesia , en el Papa y sus colaboradores, en nuestro Obispo, nuestro Párroco y las personas que llevan nuestra vida espiritual.
Concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo. Su intercesión: rezar la oración para la devoción, dirigirse a San Josemaría, pedirle favores. Y su ejemplo: leer su biografía o sus escritos nos puede servir para encontrar modos de parecernos, de configurarnos generosamente con la entrega de Cristo a la Voluntad del Padre en el ejercicio del trabajo ordinario y en la vida familiar cotidiana.
De esa manera, llevaremos a la práctica lo que la Iglesia pide en la oración después de la comunión: Señor Dios nuestro, los sacramentos que hemos recibido en la celebración de san Josemaría fortalezcan en nosotros el espíritu de hijos adoptivos para que, fielmente unidos a tu voluntad, recorramos con alegría el camino de la santidad.
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