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26 de junio. San Josemaría



Oh Dios, que has suscitado en la Iglesia a san Josemaría, sacerdote, para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo y sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención.

Así reza la oración colecta de la Misa en honor de San Josemaría. Le damos gracias a Dios por haber suscitado ese sacerdote santo, ejemplo para los tiempos actuales. Y también agradecemos a San Josemaría su respuesta generosa y ejemplar a la Voluntad de Dios.

Recordamos que fue elegido para proclamar la vocación universal a la santidad. ¡Cuántas personas ignoran todavía este mensaje! Muchos millones no han oído hablar de Cristo. Otras, incluso católicas, lo hemos conocido desde pequeños pero quizá ponemos la meta en la salvación: no ir al infierno, estar en gracia. Pero lo que el Señor espera es que seamos perfectos, santos. Y no unos cuantos, sino todos. Si estamos bautizados, es para ser santos.

Para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado. Benedicto XVI lo repite con frecuencia: los que conocemos este mensaje no podemos quedarnos con él para nosotros. Tenemos que anunciarlo a los cuatro vientos; para empezar, con los que tenemos al lado: parientes, colegas, amigos. Si nos sabemos responsables de nuestra santidad personal y la de tantos, seguramente olvidaremos nuestros egoísmos, comparaciones y tentaciones surgidas de la soberbia. Cuando algo nos cueste, podemos pensar en las almas que nos esperan, en la Iglesia, en el Papa y sus colaboradores, en nuestro Obispo, nuestro Párroco y las personas que llevan nuestra vida espiritual.

Concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo. Su intercesión: rezar la oración para la devoción, dirigirse a San Josemaría, pedirle favores. Y su ejemplo: leer su biografía o sus escritos nos puede servir para encontrar modos de parecernos, de configurarnos generosamente con la entrega de Cristo a la Voluntad del Padre en el ejercicio del trabajo ordinario y en la vida familiar cotidiana.

De esa manera, llevaremos a la práctica lo que la Iglesia pide en la oración después de la comunión: Señor Dios nuestro, los sacramentos que hemos recibido en la celebración de san Josemaría fortalezcan en nosotros el espíritu de hijos adoptivos para que, fielmente unidos a tu voluntad, recorramos con alegría el camino de la santidad.

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Con ese telón de fondo sobre el sentido del culto a los santos en la Iglesia, comenzamos nuestra meditación con ocasión de un nuevo aniversario del nacimiento para el cielo de san Josemaría. El himno de la Liturgia de las horas lo describe con amor filial: “Josemaría fue maestro, rector, padre nutricio, / guía, docto pastor y sacerdote, / a quien…