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Eucaristía y misión


- “Qué significa ‘Misa’”, me preguntó un alumno esta semana. Le expliqué: la Misa, en Latín, termina con las palabras: “Ite, Missa est” (Iros, la Misa ha terminado) . También en italiano acaba de la misma manera, no sé en otras lenguas. La misa, la misión ha concluído. En algún formulario castellano se concluye: glorificad a Dios con vuestras vidas. Después de Misa, salimos a misión...

- Dice San Gregorio Magno, en un texto que la Liturgia de las Horas nos anima a contemplar el Viernes de la III Semana de Cuaresma: “Pero la sangre de Jesús es más elocuente que la de Abel, porque la sangre de Abel pedía la muerte de su hermano fratricida, mientras que la sangre del Señor imploró la vida para sus perseguidores. Por tanto, para que el misterio de la pasión del Señor no nos resulte a nosotros inútil, hemos de imitar lo que recibimos y predicar a los demás lo que veneramos. Su demanda de justicia quedaría oculta en nosotros si la lengua calla lo que la mente creyó. Pero para que su demanda de justicia no quede oculta en nosotros, lo que ahora queda por hacer es que cada uno de nosotros, de acuerdo con la medida de su vivificación, dé a conocer el misterio a su alrededor.

- Mons. Javier Echevarría, en su libro “Eucaristía y vida cristiana (pp 77-80), habla de «Los tres mandamientos», de la última cena: servicio, caridad, Eucaristía

- Y del Siervo de Dios Álvaro del Portillo cuenta un biógrafo: Aunque las circunstancias no eran fáciles, asistió siempre que pudo a la Santa Misa. Nada más incorporarse al curso, pidió permiso al Coronel para acudir cada mañana a la Cartuja de Miraflores. La solicitud debió de ser tan insólita, que el Coronel le autorizó, pero no quiso comprometerse: si le veía la policía militar o debía dar razones a oficiales de otras unidades, él "no sabía nada"... Además de la distancia hasta la Cartuja, Álvaro debía superar el rigor del clima en el invierno burgalés, la hora tan temprana -volvía poco antes del toque de diana- y, por si fuera poco, el riesgo de encontrarse con perros rabiosos: por eso, llevaba pistola. Pero su buen ejemplo no pasó inadvertido, y su labor apostólica rindió frutos evidentes: unas semanas más tarde, al finalizar el cursillo, no iba solo a Misa; le acompañaban unos treinta compañeros. (S. Bernal, p. 61)

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