
(Domingo XIX-B). Elías sufre una persecución debida a su fidelidad a Dios, hasta el punto de desear morir. Así es el camino de Dios: no omite la Cruz. Pero ofrece la ayuda. En medio del sueño en el desierto, el ángel le despierta para que coma. Una segunda vez le impide el descanso, y le ordena seguir el camino: " Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte del Señor" (1Reyes 19, 4-8) , hasta el Horeb, de donde ascendió hasta la vida eterna.
La Biblia de Navarra explica que Elías repite el camino del pueblo elegido al salir de Egipto perseguido por el Faraón. Y, citando el Catecismo Romano, compara este alimento con la Eucaristía: “los fieles, en este mundo, por la gracia de este sacramento, disfrutan de suma paz y tranquilidad de conciencia; reanimados después con su virtud suben a la gloria y bienaventuranza eterna, a la manera de Elías, quien fortalecido con el pan cocido debajo de la ceniza, anduvo hasta llegar al Horeb, monte de Dios, cuando le llegó el momento de salir de esta vida”. El Salmo 33 puede considerarse como el Canto del cristiano que comulga: Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él .
El capítulo sexto de Juan continúa el discurso eucarístico: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre". Ruperto de Deutz compara este alimento de vida eterna con la comida que la serpiente le ofreció a los primeros padres, con los cuales entró el pecado en el mundo: "Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo, o sea, para que el mundo redimido coma y beba, después de haber previamente lavado, mediante el bautismo, la mancha producida por el antiguo manjar que la serpiente ofreció e indujo a que comiera".
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