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Los escribas de Jerusalén y la familia de Jesús

Al comienzo del evangelio de San Marcos, se establecen tres grupos de personas: la multitud, las gentes adversas a Jesús, y Él mismo con sus discípulos. En el tercer capítulo la atención recae en este último grupo, cuando el Maestro erige el colegio de los Doce. Los selecciona para que estén con él y para que realicen sus obras: para que prediquen y curen, para asociarlos a su misión. Pero inmediatamente después de la elección y nombramiento de los Doce, aparece un doble contratiempo: en primer lugar, por parte de los parientes de Jesús, quienes pensaban que estaba loco; y luego, a causa de los escribas, que lo acusaban de estar endemoniado.   Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer . Ya había cultivado un prestigio notable en aquel poblado de Cafarnaún, reunía pequeñas multitudes, el trabajo abundaba, hasta el punto de afectar el justo descanso en la casa de Pedro. Sin embargo, sus familiares no comprendieron lo que le estaba sucediendo: Al

El sacrificio del Hijo: Isaac y Jesús

El segundo domingo de Cuaresma la liturgia se detiene a considerar la figura de Abraham, al que san Pablo llama nuestro padre en la fe (Rm 4,11). Este patriarca, que vivió en el siglo XVIII antes de Cristo, es el origen de las tres grandes religiones monoteístas: judíos, cristianos e islámicos. La historia de su vocación está relacionada con una promesa de Dios: sería padre de una gran nación y poseedor de una tierra extensa. Pero pasaron los años y seguía estéril, hasta el punto de que su esposa le pidió que concibiera un hijo (Ismael) con la esclava Agar, al que los creyentes del islam remontan sus orígenes. Esta generación ocasionó problemas conyugales y el Señor le concedió, a pesar de su vejez, tener un hijo con su esposa verdadera, llamado Isaac. El Catecismo (n. 706) resume el significado cristológico de estos hechos: “Contra toda esperanza humana, Dios promete a Abraham una descendencia, como fruto de la fe y del poder del Espíritu Santo. En ella serán bendecidas tod

La esperanza

Una de las características del Adviento, “tiempo de piadosa expectativa” según el beato Pablo VI, es que prepara el encuentro con Jesús. Y lo hace de dos maneras complementarias: de una parte, la más inmediata, que es la que nos reúne alrededor del pesebre, anima a vivir la Navidad inminente con espíritu encendido. Por otro lado, también ayuda a pensar en la venida definitiva de Jesús al final de los tiempos: Cristo viene en cada celebración litúrgica, en cada Eucaristía, pero también nos preparamos para la parusía. En este período litúrgico se consideran las virtudes teologales, que se llaman así porque tienen como objeto, como origen y como fin a Dios mismo, y que recibimos en el bautismo (la fe, la esperanza y la caridad). En cuanto virtudes, son hábitos buenos, que nos ayudan a crecer en nuestra relación amorosa, creyente y esperanzada con nuestro Señor. De las tres, la esperanza es la menos comentada, la menos conocida, con mayor razón en nuestro tiempo. Como dice Gelabert (2

Aniversario de la canonización de san Josemaría Escrivá

Hace ya 15 años, el 6 de octubre del 2002, san Juan Pablo II canonizó a Josemaría Escrivá de Balaguer. En la Audiencia del día siguiente resumió el carisma del nuevo santo con estas palabras: “Estaba convencido de que, para quien vive en una perspectiva de fe, todo es ocasión de encuentro con Dios, todo es estímulo para la oración. Vista de este modo, la vida cotidiana revela una grandeza insospechada. La santidad aparece verdaderamente al alcance de todos”. La posibilidad de ser santos en la vida ordinaria convierte la cotidianidad en una aventura original. Ya no es posible la monotonía, pues cada instante es ocasión de encuentro con Dios y de servicio a los demás. El Señor sale al encuentro de sus hijos una vez más, ofreciéndonos la posibilidad de amarle a través de nuestras actividades normales de cada día: familiares, profesionales, ciudadanas, solidarias… Todo lo que hacemos, si está impregnado del amor de Dios, si ha sido ofrecido al Señor, es ocasión de encuentro con nuestr

La vocación de Mateo

  En el capítulo noveno del Evangelio de Mateo aparece una  interpolación entre los milagros.  Es como si el autor sagrado quisiera decir que  ese  pasaje  tiene la misma importancia que un acto de taumaturgia. La misericordia de Dios se manifiesta en ocasiones liberando de una  enfermedad ,   per o  también  lo hace   llamando a una  persona para que tenga una  vida más plena .   Al pasar  Jesús …   No  hay   una cita  previa ,  que se debe esperar con larga  antesala.  Tampoco se trata de  una lección, a la que  los protagonistas  se  inscriben . Es un  encuentro : e s Cristo que pasa.   Al pasar Jesús  vio  a un hombre . No es  casualidad , es providencia .  El Señor l o conocía desde siempre, lo había llamado desde la eternidad. Sabía que en su honor habría plazas, calles, iglesias,  se escribirían  bibliotecas enteras,  se predicarían meditaciones como esta, se edificarían  ciudades como Venecia -donde terminarían sus reliquias- , que él escribiría una obra memorable