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Cizaña, mostaza y levadura

Después de la parábola del sembrador, Mateo presenta la segunda de sus siete alegorías sobre un tema bastante relacionado con el de la primera: continuamos en el ambiente agrícola, en la faena de siembra. El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Más adelante explicará que el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre y que la buena semilla son los hijos del Reino. Sin sentirnos mejores que nadie, debemos experimentar la responsabilidad de saber que, por bautizados, tenemos que esforzarnos para ser menos indignos de ese título: hijos del Reino, buena semilla. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. La cizaña era una semilla que crecía de modo similar al trigo, solo se distinguían cuando las plantas estaban grandes. El problema es que la cizaña perjudicaba la cosecha del trigo, incluso amenazaba con destruirla. En ocasiones sucedía, como en esta parábola, que un enemigo cob...

Prudencia

Nuestro Señor aconseja a sus discípulos (Mt 10,16): Os envío como ovejas en medio de los lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas . La vida cristiana, vida sobrenatural, se asienta sobre el fundamento de nuestra naturaleza, de los hábitos que vamos adquiriendo con nuestro esfuerzo diario. El Compendio del Catecismo dice, con la tradición filosófica, que esas virtudes son “disposiciones habituales y firmes para hacer el bien: «El fin de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios» (san Gregorio de Nisa)” (n. 377). Luego explica que hay virtudes humanas y sobrenaturales. Las primeras son “perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta en conformidad con la razón y la fe . Adquiridas y fortalecidas por medio de actos moralmente buenos y reiterados, son purificadas y elevadas por la gracia divina” (n. 378). U...

Salió el sembrador a sembrar

Uno de los primeros experimentos escolares, que casi todos recordamos, es de biología: la germinación de una semilla. Para la curiosidad del niño es impresionante ese milagro de la vida: ver cómo se producen nuevas plantas a partir de un simple grano. En algún momento del progreso de la humanidad, el ser humano experimentó la misma sensación y dejó de ser nómada al dedicarse a las labores agrícolas. En el Oriente medio siempre ha sido muy difícil esa labor, por tratarse de una zona desértica y, en algunas partes, pedregosa. Las personas de esas regiones son conscientes del esfuerzo que supone y, por eso, varios de los primeros ritos de las religiones primitivas tienen relación natural con la siembra y la cosecha. La revelación judía asumió algunos de esos rituales y los elevó en su liturgia. Por ejemplo, el «libro del consuelo» de Isaías (55,10-11), compara la Palabra de Dios con la parábola de una semilla que germina gracias a la lluvia que envía el Señor: Como bajan la ...